
Pese a disfrutar de la gasolina más barata del mundo, y en medio de una expansión económica impulsada por los altos precios del petróleo, los venezolanos deben sin embargo cruzar los dedos para conseguir un automóvil nuevo.
Apuntarse en listas de espera de entre tres y nueve meses o sacrificar la elección del color son algunos de los obtáculos que deben sortear quienes desean adquirir un auto cero kilómetros en el país.
“Visité una docena de concesionarios en Caracas en el último mes y en todos obtuve la misma respuesta: ‘Disculpe en estos momentos no tenemos unidades para vender’”, contó a la AFP Alberto Juncal, inmerso en la búsqueda de un auto nuevo.
“Hay listas de hasta 5.000 personas de espera por autos”, confirma un vendedor.
Luego de registrar un récord de 491.899 autos nuevos vendidos en 2007, las ventas de vehículos disminuyeron más de un tercio (-35,8%) entre enero y agosto de 2008, con respecto al mismo periodo del año precedente.
La estrepitosa caída obedece a factores como la reducción de los cupos para importar autos. En 2007, casi el 70% de los carros vendidos fueron importados.
“Se limitaron a 91.000 las licencias de importación para impulsar la industria local y a la vez las empresas aprobaron planes para expandir la producción hasta unas 230.000 unidades”, explicó a la AFP el presidente de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez), William Paz Castillo.
Pero retrasos de hasta seis meses en la concesión de divisas por parte del gobierno para que las ensambladoras y fabricantes de autopartes compren materia prima e insumos en el exterior han impedido cumplir las metas de producción este año, dejando la demanda insatisfecha.
A esto se suman los cortes de actividades en algunas de las principales plantas locales por conflictos laborales.
General Motors, responsable del 50% de la producción local, activó sus líneas de producción el pasado 15 de septiembre, tras 46 días de paro durante los cuales dejó de fabricar 18.000 automóviles.
Otras razones que inciden positivamente en el apetito de los compradores son la alta inflación, que cerró el 2007 en 22,5% y este año podría superar el 25% según estimaciones oficiales; y el control de divisas vigente desde hace cinco años.
En condiciones “normales”, las ventas deberían rondar las 300.000 unidades por año “pero esa normalidad no existe porque la gente compra los vehículos como una fuente de respaldo a sus ahorros” y para adquirir indirectamente dólares al tipo de cambio oficial (2,15 bolívares por dólar), en el caso de autos importados, indica Paz Castillo.
Esto ha provocado que en Venezuela los vehículos usados se vendan a precios superiores a los autos nuevos, una situación impensable en otros países.
Un Toyota Corolla con dos años de uso, que nuevo costaría unos 72.000 bolívares fuertes (33.488 dólares), se oferta en una página de internet en 75.000 bolívares fuertes (34.883 dólares).
Y un Ford Fiesta con 55.000 kilómetros recorridos se vende en 46.500 bolívares fuertes (21.628 dólares), mientras que un similar cero kilómetros tiene un precio de 42.111 Bs. F.(19.587 dólares).
También es común encontrar vehículos del año en curso con muy pocos kilómetros recorridos con un sobreprecio de entre el 30% y 40%.
Aunque la ley lo impide, hay tiendas que sólo ofrecen vehículos a crédito “para no hacer el juego a los revendedores”, confiesa la empleada de una venta en Caracas.
La gasolina que, subsidiada por el Gobierno, es casi gratuita, tampoco ayuda a calmar el hambre de los compradores que no atienden el llamado del presidente Hugo Chávez a racionalizar el consumo.
“Aquí, hasta el perro quiere tener un carro, eso es la máxima expresión del individualismo y el capitalismo”, reclamó recientemente el mandatario.
(via – El Universal)

