
Esta lección poco tiene que ver con la obra teatral de Ionesco. Sin embargo, hace veintiún meses, cuando Obama dio el paso adelante, solo un genio de la literatura absurda le habría augurado buen destino. En aquel entonces, el joven aspirante afrodescendiente parecía deslucir ante las dos más grandes maquinarias en la política del país del norte, la “dinastía” Clinton y el partido republicano.
Aquel panorama aciago quedó en el pasado. Hoy, todos buscan la alquimia de su éxito.
Después de ocho años para el olvido, la juventud estadounidense atendió el llamado y decidió construir su propio presente.
La campaña de Barack Obama logró acumular 454 millones de dólares norteamericanos, doblando a su rival republicano John McCain, caudal en esencia formado por pequeñas donaciones US$ 10 y US$100 provenientes de nuevos votantes y de la juventud de la clase trabajadora.
El compromiso de la juventud con Obama no solo fue financiero. Los jóvenes dentro la campaña demócrata hicieron un esfuerzo sin precedentes; recorrieron calle por calle, puerta por puerta, teléfono por teléfono, alistaron nuevos votantes entre amigos y familiares, soportaron la lluvia y el frío en los mítines para proclamar hasta el último rincón de su país el mensaje de “cambio”.
El entusiasmo y la determinación que exudaron Obama y su campaña se reflejaron tanto en el número de nuevos votantes como en la concurrencia en las pasadas elecciones, las cuales, sin duda alguna, fueron las más concurridas desde 1960.
Las largas filas de jóvenes esperando para votar el cuatro de noviembre fue solo un auspicio de lo que se esperaba. Las encuestas a boca de urna que maneja la cadena CNN revelaron que Obama obtuvo la mayoría entre los votantes cuyas edades oscilaban entre 18 y 44 años (los cuales representan el 49% del electorado) y que, en definitiva, fueron la diferencia en la victoria del partido demócrata, que según el dogma de los colegios electorales es amplia, pero que en el voto popular fue más bien estrecha.
Hoy Barack Obama es el presidente electo número 44 de los Estados Unidos de América. Es quien lleva a sus espaldas las esperanzas de toda una generación que se organizó para precipitar el “cambio”, de aquellos que dejaron sus actividades y su dinero para lograr un país distinto. Obama ahora carga con las ilusiones y la honestidad de la juventud que se detuvo y dijo “basta”.
Es así como La Lección que la juventud estadounidense le dio a la Humanidad fue clara: la única forma de erigir el presente y hacerse protagonistas del futuro es participar en la vida política e ir a votar, sin ningún tinte de alguna obra absurda, lo demás es historia.
Daniel Betancourt Ramírez


Ojala Barak sea el cambio esperado…