
Además de salvador del Tercer Mundo, vicario de Simón Bolívar en la tierra y primer concesionario latinoamericano de Hamas, el hombre ahora es columnista de prensa.
Ya el Gran Timonel de la Revolución Boliviariana no halla qué inventar con tal de no tener que trabajar: además de salvador del Tercer Mundo, vicario de Simón Bolívar en la tierra y primer concesionario latinoamericano de Hamas –funciones todas estas que, desde luego, quitan mucho tiempo a las labores rutinarias de cualquier jefe de gobierno, como dirigir un gabinete–, el hombre ahora es columnista de prensa.
En esto, por supuesto, cabe suponer que lo hace emulando al paciente terminal que ya es Fidel Castro. ¡Pero qué digo “emularlo”! Chávez claramente se ha propuesto superarlo: nada menos que tres (¡3!) entregas semanales nos ha ofrecido, y, conociéndolo, uno no puede dejar de pensar que lo hace como quien nos ofrece “tres pelas” semanales.
Se anuncia también que, como todo lo suyo, las columnas de prensa estarán encadenadas; esto es, aparecerán simultáneamente en la miríada de publicaciones subsidiadas directamente por el gobierno, publicaciones tales como VEA, aparte del espacio que pueda ofrecer la inefable Últimas Noticias. Así que Chávez será probablemente el primer columnista “sindicado” en la historia del periodismo venezolano con que contarán sus “desocupados lectores” nacionales.
De este modo, a Alberto Barrera Tyszka, Manuel Caballero, Fausto Masó, Laureano Márquez, Armando Durán y Carlos Blanco –por citar sólo a un puñado de los hacedores de opinión que, semanalmente, ofrecen sus pareceres en la gran prensa escrita– les ha salido un formidable competidor : un televangelista logorreico que al micrófono ha decidido juntar ahora el teclado de un computadora. Todo para contrarrestar lo que él y sus sigüises llaman la “dictadura mediática” de la oligarquía pitiyanqui y apátrida.
Esto de la dictadura mediática opositora merece un breve comentario perplejo de mi parte: el hombre ha cerrado canales de televisión independientes, creado ya incontables emisoras y televisoras, tanto comunitarias como subregionales, al tiempo que se ha apoderado sin pudor alguno de todos los canales estatales de radio y tv para ponerlos al servicio de un partido (el suyo).
No contento con ello, encadena durante horas y horas la red privada para difundir lo que, si le quitas toda la verbosa hojarasca en que viene envuelta, no es más que propaganda electoral. Sugerir que esto se hace para contrarrestar los insidiosos y mendaces mensajes de la oposición y juzgar –como lo ha dicho algún personero del gobierno-que la solitaria Globovisión funciona “como un partido político”, es cinismo del más puro y duro. Pero volvamos a la naciente carrera de Chávez como columnista de opinión.
En realidad, bien vista la cosa, y para los fines de sus biógrafos, no es hoy día cuando Chávez propiamente nace al quehacer de difundir opinión escrita. Ya en los remotos tiempos en que vagaba por Venezuela como un paria, predicando el abstencionismo militante –antes de que Luis Miquilena se lo encontrara y entre él y José Vicente Rangel le explicaran el funcionamiento del mundo– , a Chávez le fue ofrecida una columna de prensa. ¿Dónde? En la “prensa Poleo”, por llamar de alguna forma a la dupla que forman el matutino El Nuevo País y el semanario Zeta. Las malas lenguas propalaron por entonces los nombres de los plumarios que se, presuntamente, pergueñaban la columna de quien todavía no era del todo candidato presidencial y no pasaba de ser un pintoresco militar, frustrado en sus designios golpistas. Esto, claro, para sugerir insidiosamente que el hombre no sabía escribir y tenían que ayudarlo. A mí, la verdad, se me ha olvidado quiénes eran esos presuntos nègres del comandante, aunque admito que cuando los he avistado por ahí, me acuerdo de esas pasantías, por lo demás nada nuevas en la historia del caudillismo y del “mujicato” en nuestro país.
Tengo, sin embargo, a la vista la primera entrega de las columnas del Jefe, aparecida en Últimas Noti- cias el pasado jueves 22 de enero.
La sacaron en la página 24; habrá que ver cuánto tardarán en moverla a la primera plana, como el editorial de TalCual. Todo es posible. El título genérico de la columna –el antetítulo, como en un tiempo solía decirse– será “Las líneas de Chávez”. Un título modesto, ¿no es cierto? Un título que sugiere que se tratará de meditaciones consignadas más o menos a “vuela máquina”, por no decir “a vuela pluma”. Escorzos, bocetos; usted me va entendiendo: las nada pretenciosas reflexiones de un ciudadano-gobernante en una república de espíritu clásico: como quien dice, Licurgo en pantuflas o Pericles antes del desayuno.
Comienza diciendo: “Las líneas más fuertes que en mi vida de pelotero di (sic), fueron siempre hacia la banda derecha”. Inconfundible. No cabe la menor sospecha de que algún plumífero de palacio haya concebido esta pieza. Si es cierto que el estilo es el hombre, esta columna, desde el arranque es, estilísticamente hablando, puro Chávez.
Comencemos pues a leer a este hombre sin suspicacia alguna, sin suponer torcidamente que Roberto Hernández Montoya, “Farruco” Sesto, Vladimir Acosta, Xulio Formoso, Luis Alberto Crespo, Luis Britto García, ni mucho menos el general Jacinto Pérez Arcay, puedan ser los aúlicos autores en la sombra de “Las Líneas de Chávez”. Basta leer esta primera pieza para saber que Chávez estira su tiempo de estadista para sentarse a componer él mismo sus piezas de opinión.
“Veinte años después de `El Caracazo’ que me engendró –escribe, y parece uno estar escuchándolo en “Aló Presidente”–, diez y siete (sic) años después de la Rebelión Militar Bolivariana que me parió y diez años después de la toma de posesión que aquí me trajo, pongo de nuevo mi vida y todo mi futuro en manos del pueblo y su soberana decisión. Este soldado revolucionario hará lo que el pueblo mande”.
No, señores; convengamos en que por más intelectuales lamebotas como los que hoy puedan hallarse en los potreros del Celarg, el Conac y la Villa del Cine juntos, nadie que no sea el Máximo Líder puede ser el autor de estos textos que se anuncian como una calamidad semanal más para los venezolanos.
En especial para Eleazar Díaz Rangel, el jovial camarada director de Últimas Noticias, cariñosamen- te conocido como “Lulo”.
No quiero ni pensar qué va a hacer el pobre Lulo cuando Chávez comience a enviar a la sala de redacción sus propias cartas al director en elogio de “Las Líneas de Chávez”.
Lo que sí creo es que, igual que el Libertador, Chávez en lugar de escribir, dicta. ¿A quién? Averígüelo, Vargas.
-Tal Cual

