Internacional

En medio de la pobreza, Kosovo cumple un año como Estado independiente

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Este martes se cumplirá un año de la independencia de Kosovo, un frágil Estado surgido del último desmembramiento de la ex Yugoslavia y solo reconocido por 54 países (Colombia entre ellos, al igual que Estados Unidos y 22 de los 27 miembros de la UE, pero ni Rusia ni China).

La antigua provincia serbia de mayoría albanesa celebra su aniversario en medio de serios desafíos, principalmente económicos, que el hecho de ser independientes no ha ayudado a superar.

El desempleo afecta a casi la mitad de la población -aunque muchos de ellos trabajan en actividades ilegales- y el Gobierno no consigue que sus jóvenes tengan acceso al mercado laboral europeo. Incluso, hay algunas partes del nuevo Estado donde el desempleo roza el 80 por ciento, y el nepotismo está muy extendido.

La renta per cápita de los kosovares se estima en unos 1.500 dólares por año, aunque no hay cifras precisas y muchas familias sobreviven con las remesas que envían los parientes emigrados, sobre todo a Suiza y Alemania.

Según la Comisión Europea, casi el 45 por ciento de la población vive con menos de 1,5 euros al día, y el salario medio apenas alcanza 220 euros. Sigue habiendo cortes de agua y electricidad y la corrupción campa a sus anchas a pesar de los esfuerzos de la ONU y del Gobierno kosovar apoyado por miles de funcionarios enviados por la Unión Europea bajo el paraguas de la misión Eulex (ver recuadro), sin aval de la ONU por el veto ruso.

Kosovo tiene bandera e himno, pero ni siquiera moneda, y funciona con el euro de forma ilegal, pues no es miembro de la ‘zona euro’ de la UE, a la que sueña con adherirse.

Tema de minorías

Así, cuando se cumple un año de los festejos de una independencia que Serbia rechaza de plano y que amenaza constantemente, y que ha llevado al Tribunal de La Haya tras conseguir el permiso de la Asamblea General de Naciones Unidas, los kosovares no tienen muchas razones para celebrar el nacimiento de su país. “Todos tienen claro que Kosovo no es un Estado”, repite el presidente serbio Boris Tadic.

Tampoco tiene mucho que celebrar la minoría serbia -en torno al 10 por ciento de la población- temerosa de perder sus derechos en un Estado construido para albergar a los siempre discriminados albaneses de Serbia. Los serbios de Kosovo siguen yendo a Serbia para obtener sus pasaportes, permisos de conducir y certificados de nacimiento.

Y ni qué decir de los miles de refugiados de etnia rom (gitanos) que en tiempos de guerra tuvieron que abandonar Kosovo y que con la proclamación de independencia ven cada vez más difícil el regreso, y hoy se hacinan cerca de la ciudad serbia de Kraljevo.
Al menos, los peores augurios, que anunciaban una guerra civil entre albaneses y serbios de Kosovo, se han evitado a pesar de los serios incidentes que siguieron a la independencia hace un año, cuando las tropas europeas tuvieron que emplearse a fondo en el norte del país. El enviado especial de la UE, Pieter Feith, reconoció el pasado miércoles en Bruselas que, “aunque la situación de Kosovo es estable desde el año pasado, las manifestaciones del pasado 10 de febrero muestran la fragilidad de la situación”.

-El Tiempo

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