
Valió la pena sufrir. El Caracas vivió una noche de infarto, repleta de nervios, pero terminó celebrando el pase a los octavos de final de la Copa Libertadores, gracias a una pena máxima cobrada por Darío Figueroa para decidir un triunfo de 1-0 sobre el Everton de Chile.
Hubo que esperar bastante para celebrar el gol, haciendo temer lo peor, pues ganar era una obligación. Lo importante, eso sí, es que el cuadro de la capital cumplió con el trabajo y pudo dormir tranquilo.
Completó el pleno de éxitos en sus tres encuentros como anfitrión -ya había derrotado previamente a Lanús (3-1) y Chivas (2-0) en el estadio Olímpico de la UCV-, haciendo buena la consigna tantas veces repetida: quien desee trascender en la Libertadores tiene que hacerse fuerte como local.
Pero los sufrimientos no acabaron con la victoria ante los australes. Avanzar dependía también de que el Chivas mexicano cediera puntos en casa ante el Lanús argentino.
Sucedió con un 0-0, aunque se sudó muchísimo a distancia. Chivas vio cómo se le anulaba un tanto marcado en el tiempo de descuento que hubiese extendido la lucha del Caracas por un cupo hasta la jornada final del Grupo 6.
Los criollos lideran la llave con 9 puntos en su cuenta, Chivas le escolta con 8 unidades, Everton con 7 y Lanús está eliminado con 3.
Bendito penal El Caracas tenía la iniciativa, pero nuevamente aparecían problemas para generar peligro sobre el destruido césped del Olímpico. Su protagonismo no se traducía en el marcador.
Rafael Castellín tuvo dos oportunidades claras para inaugurar el score, Rodrigo Prieto amagaba y José Manuel Rey amenazaba con uno de sus tiros libres. Sin embargo, la ventaja no se materializaba.
La virtud, entonces, fue mantener la calma. Nunca hubo desesperación y el premio esperado llegó.
Noel “Chita” Sanvicente dio ingreso a Emilio Rentería desde el banquillo e inmediatamente provocó el decisivo penal. Cayó en el área debido a un agarrón de Oviedo. Darío Figueroa cobró con tranquilidad y, sobre todo, calidad. Su tiro a ras de piso y a la mano derecha del portero Gustavo Dalsasso era inalcanzable.
Misión cumplida El Everton, tras verse abajo, comenzó a perder la cabeza.
Un codazo de un frustrado Rodrigo Ramírez sobre Rentería -convertido en el dolor de cabeza de la visita- provocó que los chilenos se quedaran con diez hombres en el campo.
Los capitalinos comenzaron a atacar con mayor ímpetu, pese a que su rival no renunciaba, y demostró madurez para mantener el cero. El último susto fue una mala salida de Renny Vega que dejó a Penco con el balón en el área y el arco vacío. No supo aprovechar y la defensa local respondió.
El Everton se terminó de diluir en un mar de protestas, enfrentamientos con los jugadores del Caracas y excesiva vehemencia en cada acción.
Las 15 mil personas presentes en las tribunas del Olímpico, mientras, vivían una fiesta. “¡Figueroa! ¡Figueroa! ¡Figueroa!”, rugía el público ovacionando al argentino, que era sustituido en el tiempo del descuento como reconocimiento de parte de Sanvicente. Repetirlo es inevitable: así da gusto sufrir.
-El Universal

