Area 59, En Venezuela

Resolverse… a costa de la dignidad


El Diccionario de la Real Academia Española define resolver en su tercera acepción como desatar una dificultad o dar solución a una duda. Resolverse, por tanto, determina efectuar la acción sobre sí mismo, valga decir, librarse de una dificultad.

En Venezuela, el enclítico resolverse se emplea con animosidad y desvergüenza, como determinación egoísta de cada miembro de esta nación que tiene por diaria realidad una crisis que convierte al vivir en sobrevivir. Resolverse encierra el verbo reflexivo del que encuentra pan en medio de la hambruna y del que acierta en la lotería frente a la masa anónima de jugadores perdidos. Resolverse en esta tierra de Dios es, pues, ganar, sin que importe lo demás. Ganar hoy sin que importe mañana. Ganar yo aunque pierdas tú. Ganar yo aunque pierda yo.

El tema viene a comentario por el caso de Migdelis Hernández, una humilde mujer de Los Teques (casi una redundancia), que en su ánimo por resolverse ha pasado en cuestión de días de una posición de apoyo incondicional y mesiánico a Hugo Chávez a casi odiarlo completamente.

Migdelis vive en lo que se conoce como una “zona de alto riesgo” en una de las vías de acceso mirandinas, por esas vicisitudes que trae la mala costumbre de querer resolverse con una casita en cualquier parte del Litoral Central. La casita, por la inestabilidad del terreno, se cae a pedazos y Migdelis, desesperada por esta situación, acude a la caridad del gobierno para que éste le construya una nueva casa. El gobierno, populista hasta los tuétanos, queriendo también resolverse a costa de esta necesidad, invita a la pobre mujer a un “Aló, Presidente”, y allí la presentan cual súbdito ante el Supremo Jefe, el cual dotado de la más propagandística magnanimidad, levanta su brazo ante las cámaras y ordena inmediatamente resolverla con una casa.

Seguramente habrá quien piense: “Momento, pero, ¿es que el gobierno también busca resolverse?” ¡Naturalmente que sí! Busca resolverse contigo, busca resolverse conmigo, busca resolverse con todos, resolverse aunque nos duela, aunque estemos desnudos y no tengamos ni para comer ¡El Comandante lo dijo! Y lo que para el Comandante significa resolverse, ya también debe haberlo imaginado el primer pen…sante.

En una escena inmediatamente posterior a la orden presidencial, se arma el teatro de la ayuda social a Migdelis. Ella, presa de la más vana ilusión de haberse resuelto, rodeada por la corte socialista y aún sin casa, eleva públicamente sus alabanzas al Presidente, besando su foto —ya que cualquiera no puede besarlo en persona— y poniendo broche de oro a su adulación enfermiza con la cabriola jalabolística de decir que “es por medio de él que Dios está haciendo sus obras”.

La cruel Fortuna, ese duendecillo que hoy nos place y mañana nos hiere, demostró ser en extremo caprichosa con Migdelis. Con auxilio de las mismas palabras de esta noble madre, podría decirse sobre lo sucedido luego que “fue por medio de Jorge Rodríguez y Jacqueline Farías que el engaño hizo su obra”: la ayuda nunca llegó; el número de teléfono que Jorge le anotó públicamente en su agendita era falso. Como era de esperarse, el agobio y la decepción sobrepasaron a la señora y no tuvo más que acudir al lente de Globovisión para librarse de pesada carga emotiva frente a las cámaras, pero firmemente motivada, eso sí, por el anhelo aún vigente por resolverse con su casita.

Al aparecer en ese medio de comunicación golpista, como suceso de repetición cansina en nuestra existencia, Migdelis quedó fuera de la gracia de la Revolución Bolivariana. Cometió, en su afán por resolverse, un pecado mortal contra el régimen, que a la voz de “yo te vi en Globovisión” la deja abandonada a su suerte. Pero eso para ella no es más que un trago amargo, una caída de la que sólo queda levantarse para extender nuevamente sus preces en derredor, lo que con su cara plañidera, pero bien lavada, la conduce ahora a pedir pública ayuda, “ya no a un solo hombre, sino a todos los que puedan ayudarla”. Papá Dios es una cosa seria en eso de dar lecciones… ¡Le hizo ver de la peor manera a Migdelis que Él obra por caminos misteriosos y que la salvación “puede venir de cualquier sector”!

El ejemplo de Migdelis es sólo uno de los múltiples que se viven en la Venezuela de hoy. Esta mujer se jugó su dignidad por obtener, aunque suene irónico, una casa digna para vivir. De este modo muchos sacrifican su patrimonio moral por esas debilidades de la carne, que por lo general tienen su origen en el estómago y en algunas vecindades ventrales. Las mismas debilidades de las que adolece quien se inscribe en el PSUV para conservar su chamba gobiernera, de quien calla cómplicemente las atrocidades que tienen cabida a su alrededor, del que con carantoñas entrega su propiedad al gobierno para escapar momentáneamente de ser arrasado. De principio, todos buscan resolverse; en el fin, alguien más terminará resolviéndose a costa suya.

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