Si en verdad queremos hacer una transformación que derive de la participación de las bases, hay que estructurar una estrategia que sí debe impulsar el gobierno, que apunte a la consolidación de una cultura nacional e ideológica. Y es que se ha tomado este aspecto como esencialmente ornamental. La cultura como adorno del proceso, una excusa para contentar al sector artístico e intelectual del cual todavía se tiene una visión pobre y elitista. La cultura como “todo lo realizado por el hombre”. Sí. Pero la verdadera identidad cultural de una nación la protagoniza la historia y las manifestaciones artísticas. Esto no se decreta, se asume. La mejor manera de unificar a nuestros pueblos es a través de mecanismos que lo unan culturalmente. No se puede hablar de socialismo si la sociedad venezolana está divorciada totalmente. En el común de las gentes, más allá de debatir qué tipo de socialismo queremos, todavía se discute si el socialismo es viable. Por ello, es utópico pensar en estrategias netamente políticas y económicas para llegar a este sistema, centralizado en un Estado comunal, que a grandes plazos será global. Estoy convencido de que la rama de la identidad y mirarnos hacia nosotros mismos es la que le dará el arranque definitivo al desarrollo de la nación. Porque el sistema socialista del s. XXI no admite uno que no sea por voluntad popular.
La cuestión de la identidad nacional tiene diversas perspectivas en torno al debate socio-cultural del socialismo. Tengo entendido que existen tendencias políticas de esta ideología que pretenden eliminar la valoración nacional, como enemiga de un marxismo universal; es decir, la eliminación de los nacionalismos como garantía del socialismo global. Esto es sencillamente imposible e intolerable en el marco de las masas. Según mi visión, la conciencia de ellas sobre las necesidades que aquejan a la nación y su posesión y manejo de los medios de producción son unas de las bases fundamentales para trascender el sistema. Sin embargo, un comunismo ortodoxo nos da a entender que las realidades en el mundo se desdibujan, que las condiciones de los proletarios en todos los países son totalmente iguales y que el Estado-nación (u otras instituciones o tecnologías de origen burgués) deben desaparecer. Por lo tanto puedo discernir que, en torno a estas tendencias, hay “socialismos” del s. XX anti-históricos y anti-dialécticos que son tan enemigos nuestros como los mismos sistemas capitalistas. Esto como respuesta para personas que no quieren asumir el aspecto de identidad nacional como instrumento socialista.
Otra de las tendencias se refiere a que en América Latina se está dando una revolución socialista donde todos nos mezclamos y somos la misma cosa. El presidente de Venezuela y líder de esta revolución bolivariana ha acertado al referirse sobre los distintos ritmos y matices que tiene el proceso transformador en el continente. Cada país tiene su tonalidad para conducir la política, esto dentro de un marco internacional. Entonces, sí existen distintas nacionalidades que avancen hacia una emancipación continental. ¿Pero a un socialismo? De este aspecto el comandante Chávez sí ha tenido cuidado en pronunciar. Los que hablamos de socialismo, o los gobiernos que hablan, somos los países que integramos la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA. El continente “socialista” aún no cuenta con el apoyo de las tres principales potencias económicas de América Latina: México, Argentina y Brasil. Somos unos bebés de pecho. Pero el proceso de emancipación y desarrollo diferenciado a la izquierda es un hecho. La característica que se visualiza sobre el sistema socialista, en los nuevos tiempos, es que el poder económico y político del Estado y la empresa privada pase al Estado comunal y que el pueblo sea el que se apropie de sus valores humanistas y así haga contraloría a su economía: lo político formará parte, en esencia, de lo social. Entonces, las comunidades se apropian de sus valores. ¿Esta comunidad venezolana asumirá toda esta cuestión culturalmente idéntica a la comunidad ecuatoriana, boliviana u hondureña que ejecute el Estado comunal? No. Por eso la historia y el arte se encarga de ir construyendo identidades diversas que influirán en estos procesos revolucionarios. Estas cuestiones deben ser de estudio e investigación obligatoria para licenciados en sociología, antropología, artes, literatura y disciplinas afines que se consideren parte del proceso revolucionario y no del ‘jalabolunario’. Entonces, sí, las manifestaciones artísticas y la historia son las que prontamente le darán una conciencia más fuerte al ciudadano, campesino, pescador o aborigen acerca de cuáles son los aspectos resaltantes del imaginario común que le darán empuje a un desarrollo comunal y a qué ritmos. No es la politización de las artes, es la humanización de la política: la venezolanización del “socialismo venezolano”. No por ello se va a entender al socialismo únicamente nacional. Es un proceso global pero que va teniendo distintos matices culturales en diversos lugares con un objetivo unitario.
Y el arte, ¿qué tipo de arte? ¿Qué clase de “cultura” tendrá esa gente y qué carrizo entenderá la gente marginada de la sociedad sobre las artes como instrumento socialista? Presidente, haga lo que tenga que hacer con el ministerio de cultura, turismo y comunicaciones. Reformemos lo que tengamos que reformar en el sistema educativo, no únicamente legislando. Liguemos esto en un proyecto nacional fuerte con la escuela de formación de cuadros. Transformemos la ciudad y hagámosla más humana. Eliminemos la visión del arte como creación burguesa, pero no la hagamos partidista. Eso se lo dejamos a los rusos con su historia. No tratemos de reconstruir antiguas tradiciones rurales, tal cual como se hacían, cuando nuestro medio ahora es la ciudad. Para los comunistas ortodoxos, la fábrica es el único medio cultural. El barrio y el campo tampoco tienen porqué ser el único medio comunal para realizar una verdadera transformación. Quitémonos esa visión de perdición eterna del éxodo campesino de principios del s. XX que nos metieron en las escuelas. El socialismo debe formar parte de nuestra cultura. Que el socialismo latinoamericano se vista de muchos colores, sin menospreciar el rojo como protagonista histórico. Debemos acordarnos que en el común existen minorías, no burguesas, que se encuentran confundidas y embriagadas por procesos sociales que los situaron en un hoyo negro nacional e histórico. Ellas y ellos también enriquecen las manifestaciones culturales como instrumentos de auto-reconocimiento de las comunidades.
Fernando Martínez


