El Engranaje Venezolano en el Sistema Económico Mundial
19 Noviembre de 2008 por Alejandro Morales-Loaiza - 12:01 pm

“No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”.
Adam Smith
El proceso de globalización (o mundialización) que en los recientes tiempos ha venido desarrollándose en la Humanidad bien puede ser representado como un gran sistema de engranajes en el que todos los países
participan con alguna rueda dentada que hace mover el todo de determinada manera. Improvisando nuevamente de economistas y sin pretender serlo realmente nos limitaremos a desplegar este ejemplo diciendo que cada rueda comprende a su vez el sistema económico-social de cada nación, sobre el que influye una multiplicidad de factores y que cuenta con una posición determinada en el planeta.
Al igual que todo sistema imperfecto, en el sistema mundial productivo y de mercados no todas las ruedas o engranajes poseen una significación determinante en cuanto a su funcionamiento. Existen ruedas pequeñas cuya afectación poco representaría para la economía mundial y de ninguna manera podrían impedir que el globo siga girando sobre su propio eje. En oposición a esto, encontramos ruedas grandes cuyo colapso reportaría toda una catástrofe, con ejemplo próximo en la caída de las grandes casas bursátiles norteamericanas.
Planteado esto, Venezuela manifiesta una condición muy particular como engranaje en el gran sistema mundial que ya hemos ilustrado: su rueda tiene base en la producción petrolera de importancia capital para las demás naciones; bajo esta única base la voluntad de aumentar, por así decirlo, el precio del barril de petróleo, siempre hará palidecer a algunos sectores y los incitará a la búsqueda de alternativas energéticas viables. Un poder como este, manejado de manera inteligente, podría ubicar a la República en el estrado donde se toman las decisiones importantes sobre el futuro del planeta. Distinto de ello, acá se ha optado por hacer aumento visceral y con ansia de divisas del precio del barril de petróleo, ignorando en mucho el efecto bumerán que recae siempre sobre los países monoproductores que les da por hacerse caprichosos. Ya es notable el sufrimiento que se avecina con la cada vez más baja cotización del barril de petróleo a todo nivel ¡Y eso que Europa y los Estados Unidos están en pleno invierno!
Pero retrotrayéndonos a la base del sistema económico-social de cada país, podemos también ilustrar lo siguiente respecto del factor trabajo: En un país desarrollado los nuevos profesionales jóvenes y emprendedores pueden ingresar al engranaje productivo sin mayores inconvenientes de los que de su propia capacidad y la competencia se desprendan. Cada uno está en pleno conocimiento del cargo al cual podrá optar e incluso el salario que podrá devengar. Ya los estudiantes saben de antemano en cuánto se cotizará su labor posterior a la obtención de un título y con la plena seguridad de que nunca serán subpagados porque, más allá de un anacrónico control estatal, la mano invisible de la que habló Adam Smith hará buena parte en la estabilidad y seguridad laboral —Claro está que además de la mano invisible, sobre la Economía inciden muchos otros factores, pero no es tema de esta reflexión—. Bien podría decirse entonces que en los países desarrollados cada nuevo prospecto laboral entrará perfectamente en la rueda ajustándose a todos los engranajes. Si se parte de esta misma muestra en un país subdesarrollado, podremos imaginarnos naturalmente a una rueda que le faltan dientes, por virtud de una falta de constancia en las oportunidades de trabajo, que atienden más al tráfico de influencias que a una evaluación objetiva de las capacidades y competencias de cada cual. Para el caso de Venezuela, el nuevo profesional se encuentra en el limbo económico toda vez que no está seguro de cubrir el perfil de una fuente de trabajo que le alcance para vivir dignamente, consciente de que sus calificaciones y vida académica no significan mucho y muy al tanto de que asumir algunos cargos bajo las actuales circunstancias implica cierta pérdida de dignidad. De manera triste deberá optar por ponerse a la sombra del Padre Estado o de algún factor influyente para desarrollar con cierta soltura aquello para lo cual estudió. En buena medida las fuentes de trabajo dependen de los lineamientos del gobierno de turno o de algún empresario esclavista, todos estos para los que las capacidades propias valen poco frente a la lealtad incondicional a su poder.
Visto lo anterior interesante sería destacar el fenómeno PDVSA. Tan sencillo como afirmar que en la mayor empresa venezolana hubo un cambio de criterio en cuanto a la captación y salida de su personal, se pasó de la gloria a la decadencia en tiempo récord. Y es que, sin complicarnos mucho la existencia, bien es sabido que a pesar de la nacionalización de la industria petrolera hubo algo que no fue nacionalizado, y efectivamente ello fue la mística y la dinámica de trabajo de quienes laboraban día a día en PDVSA, de tradición norteamericana y visión imperialista, Yes sir!
Así podrían agotársenos las letras en otros ejemplos criollos como el de la nueva Compañía Anónima Nacional Socialista de Teléfonos de Venezuela (sic), que presta unos servicios pésimos además de las pérdidas millonarias que reporta desde su estatización, todo a los fines de evidenciar la forma en que ha degenerado la interacción de los factores económicos en Venezuela, un país condenado por la abundancia de sus recursos, por la avaricia de sus dirigentes, por la comodidad de sus ciudadanos… por la ignorancia de todos.
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